El rol del Control de Gestión ha ido ampliando su ámbito y alcances de influencia, además de las clásicas tareas asociadas a monitorear compromisos del plan presupuestario, juega un papel fundamental en la toma de nuevas decisiones que involucran las estrategias de relacionamiento con el cliente, o en las que generan una cultura de innovación o las que promueven la autogestión de las personas y equipos de trabajo.
Actualmente las personas que trabajan en torno a las decisiones de gestión deben tener competencias de razonamiento analítico, visión integrada del negocio y especialmente ser líderes para generar cambios de actitud a favor de un mayor compromiso y trabajo en equipo. En esa perspectiva, el Control de Gestión aporta distinciones claves para que las relaciones de cooperación y compromiso de las personas y equipos sean influenciados favorablemente por la forma en que se definen y usan los indicadores de gestión y otros criterios de monitoreo de resultados.
Tomar decisiones en el ámbito del Control de Gestión, implica contar con las distinciones y herramientas adecuadas para asignar tareas, definir plazos, evaluar el impacto financiero de lo planificado y sus contingencias, liderar su ejecución y fundamentalmente generar confianza a través de su coherencia.
Con estos nuevos desafíos el rol del Control de Gestión emprende nuevas acciones orientadas a expandir lo que se sabe y a transferir las mejores prácticas. En definitiva se trata de aumentar el valor de la empresa, configurar su estrategia con una estructura organizacional compatible y alinear los objetivos y actividades en un contexto de responsabilidad ética.
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