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SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Extractado y resumido de:
Sergio Boisier. “Sociedad del conocimiento, conocimiento social y gestión territorial”. 2001
| El conocimiento se encuentra “detrás” de los cambios de los paradigmas científicos, productivos, organizacionales o de otra naturaleza, en medio de los cuales nos encontramos. Simultáneamente el conocimiento termina por “traducirse” en nuevos productos de elevada sofistificación tecnológica y también en nuevas maneras de pensar y de intervenir en asuntos tan complejos como puede ser una propuesta de desarrollo local. El saber, el conocimiento, aparece como un eje transversal de un abanico de paradigmas emergentes. La necesidad de adquirir permanentemente nuevo conocimiento se convierte en un imperativo para quien dirige una empresa tanto como para quien dirige un gobierno territorial o un organismo de fomento del desarrollo así como, en último término, para cualquier individuo.
Se ha hecho común distinguir entre conocimiento codificado y conocimiento tácito y crece la importancia de este último, que entre otras características muestra un poderoso anclaje territorial y escasa movilidad, precisamente porque reside tanto en las personas como sujetos individuales o bien en las personas como sujetos colectivos, como sucede con gran parte del capital cultural.
La creciente virtualización de la economía es uno de los factores relevantes que ha conducido a una nueva geografía del poder en el mundo donde un número cada vez mayor de actividades productivas se está desarrollando a través del espacio electrónico, el cual sobrepasa o anula cualquier jurisdicción territorial.
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El avance de la economía global en conjunto con las nuevas telecomunicaciones y las redes computacionales que integran el mundo, han reconfigurado profundamente instituciones fundamentales para los procesos de gobernabilidad y responsabilidad en los Estados modernos.
Finalmente y como es conocido, la sociedad del conocimiento o la nueva economía tiene un basamento técnico en las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (TIC) que empujan la competitividad, la innovación y los cambios organizacionales en y entre empresas.
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Es interesante destacar que en la “nueva economía” el tamaño de los países y de las regiones es “lo de menos”. Esta es una observación muy interesante para la enorme mayoría de las regiones en todo el mundo, las que en general son sistemas socio-tecno-productivos de pequeño tamaño; viniendo esta opinión desde el mundo de los negocios informáticos, respalda la tesis de que la globalización ofrece oportunidades para los hábiles y rápidos así como amenazas para quienes no pueden “ponerse a tono” con las exigencias del entorno.
Evidentemente las TIC se encuentran ahora detrás de los aumentos de productividad de empresas y países (y regiones), productividad que, de acuerdo a Porter, es a su vez la columna vertebral de la competitividad.
Internet es, por supuesto, la tecnología emblemática de las TIC y de la sociedad del conocimiento o de la nueva economía. Los descriptores esenciales son ahora e-mail, e-government (G2C), e-business (B2B, B2C), e-employment, y el grado de conexión a la red y la intensidad de uso son los nuevos indicadores de “modernidad”.
CONOCIMIENTO Y SISTEMA PRODUCTIVO: APRENDIZAJE COLECTIVO
La tecnología y el cambio tecnológico son reconocidos ahora como los motores principales en los cambios en el patrón territorial del desarrollo económico; el auge y caída de nuevos productos y procesos productivos se da en los territorios y depende, en gran medida, de las capacidades territoriales para tipos específicos de innovación.
Dado el rápido cambio económico y tecnológico, las firmas necesitan desarrollar una capacidad dinámica para renovar, aumentar o adaptar sus habilidades de manera de mantener el rendimiento económico. La innovación y el aprendizaje son centrales y envuelven la combinación de diversos conocimientos tecnológicos, organizacionales y de mercado.
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El aprendizaje colectivo es particularmente importante para la pequeña y mediana empresa (PyME) cuyo problema principal no reside necesariamente en su tamaño sino en su aislamiento. Como empresas individuales, actuando individualmente, están en una posición débil para competir.
Les faltan recursos, economías de escala y de alcance de las cuales disponen las firmas grandes y les falta una voz política necesaria para influir sobre su propio entorno económico y político.
La cuestión es que el aprendizaje colectivo así como otras formas de asociatividad requiere de una fuerte dosis de capital social, en los términos en que ahora se entiende este concepto, vale decir, redes de cooperación permanentes o no, basadas en la confianza interpersonal, capaces de operar en contextos de reciprocidad difusa, más allá de relaciones familiares o amicales y orientadas a la consecución de fines legítimos. No siempre los territorios en los cuales el aprendizaje colectivo de las firmas es más necesario cuentan con un adecuado stock de capital social.
CONOCIMIENTO Y COMPETITIVIDAD: CONOCIMIENTO CODIFICADO Y TÁCITO
Una competitividad sostenida a largo plazo sólo puede basarse en la creación y uso de ventajas competitivas o dinámicas que, al revés de las ventajas comparativas basadas en la explotación de recursos naturales y en la comercialización de commodities (capaces de sustentar “buenos negocios” a corto plazo), se construyen a partir del conocimiento y de la innovación. Conocimiento para ser puesto al servicio de lo que Porter considera como el núcleo duro de la competitividad: la productividad.
Ha surgido un nuevo vocablo en el léxico de la competitividad: coopetencia, es decir, la cooperación para competir eficazmente, un concepto inscrito en otro de amplia difusión: glocal, la simbiosis entre la dimensión global y local y un neologismo que debe ser leído en dos sentidos. Hay que pensar globalmente para actuar localmente (para las firmas) y hay que pensar localmente para actuar globalmente (para las personas).
Una primera aseveración es entonces la que afirma la articulación entre competitividad y conocimiento. Una segunda es la que afirma el carácter sistémico de la competitividad.
El concepto de competitividad sistémica debe ser entendido a partir de la configuración de un verdadero tejido de actores que estructuran una red de servicios en torno a un producto y una planta que superficialmente aparecen como titulares de la competitividad. Esta red tiene dos características: a) es tanto funcional (proveedores, reparadores, etc.) como territorial (gobierno local, agencias públicas y privadas vinculadas al funcionamiento del propio territorio); b) su densidad es creciente en relación a la proximidad a la planta.
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En otras palabras, el carácter sistémico de la competitividad es altamente territorializado y las redes ayudan a difundir el conocimiento tácito. El conocimiento tácito está constituido por elementos difíciles de codificar y, por lo mismo, de difundir formalmente. Cuando estos elementos tácitos se incrementan dentro de la base de conocimiento, la acumulación tecnológica se empieza a basar en la experiencia y en los contactos interpersonales.
El conocimiento tácito –por contraposición al conocimiento científico adquirido por inversión en educación y en I&D– se adquiere básicamente por medio de la experiencia en el propio proceso productivo y está representado por prácticas organizacionales, institucionales y estratégicas de los agentes económicos. Hay que precisar eso sí que el conocimiento tácito es también el conocimiento difuso (distribuido) poseído por los miembros de un grupo social, por una comunidad territorial por ejemplo, y generado a través de procesos históricos que forman parte del capital cultural.
Se sostiene que el conocimiento tácito localmente imbricado se convierte en una fuente crucial de una capacidad localizada. Diferencias en el conocimiento tácito entre localidades, regiones y países no pueden ser fácilmente lavadas por la globalización de mercados. Tanto la formación de un mercado mundial como el proceso de codificación aumentan la importancia de las capacidades heterogéneas y localizadas para construir competencias específicas de las empresas y de esa manera generar variaciones en la competitividad de ellas. En una economía basada en el conocimiento las capacidades localizadas aumentan la habilidad de las empresas para crear, adquirir, acumular y usar el conocimiento un poco más rápido que sus competidores más favorables en un sentido amplio de costos. Este “ambiente” dado por tales capacidades localizadas contribuye a la difusión del conocimiento tanto codificado como tácito.
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