Una
frecuente y peligrosa confusión respecto a la
innovación es la creencia que se trata de una
nueva moda propiciada por los expertos del management.
Ello definitivamente no es así.
La innovación es un principio
fundamental y universal de supervivencia de cualquier
sistema. La innovación no es más que el
proceso a través del cual los sitemas -ya sean
biológicos, productivos, sociales, políticos
u otros- mantienen la congruencia en su entorno. Ello
ha sido así desde siempre y es por ello que especies
animales, empresas, instituciones, cultura, naciones
que llegaron a dominar en sus respectivos entornos y
momentos históricos, luego desaparecieron. Perdieron
su capacidad de innovar, esto es, de adaptarse a cambios
del entorno para mantener la congruencia con éste,
y simplemente desaparecieron. Muchos de ellos probablemente
perdieron su capacidad de innovar, además, desde
la complacencia con sus "éxitos" pasados.
La innovación no es
una novedad ni una moda. Es una condición sistémica
de vida. Lo que sí es nuevo y distinto de las
nuevas realidades que nos toca vivir al inicio del tercer
milenio, es la velocidad e impredictibilidad de los
cambios del medio al cual los sistemas deben adaptarse.
Y, por sobre todo, que dicho medio ya no es sino global.
Uno de los paradigmas que los occidentales menos vemos
como tal y que más encadena la innovación,
es aquel que nos propone que las cosas, incluyendo los
seres humanos, "son" de una determinada manera
y tienen ciertas características intrínsecas,
propias de su particular "ser".
Un segundo paradigma encadenante de la innovación,
derivado y continuación del metafísico,
es aquel que se resume en la famosa frase de Descartes
"Pienso, luego existo". Esta concepción
de lo humano encadena la innovación, porque niega
el fundamental espacio de la emosión que, estudio
tras estudio, ha demostrado ser un factor clave en el
mundo de la innovación y del management.
Un tercer paradigma encadenante de la innovación,
es aquel que conceptualiza al ser humano
como un ente esencialmente egoista, que actúa
sólo en función de su propio bienestar
en competencia con el resto de las personas. De acuerdo
a esta visión, las personas son más innovadoras
cuando se les somete a la presión de la competencia.
Nuevos
paradigmas para nuevas realidades
La vieja pugna filosófica
entre razón y emoción, entre la
visión analítica y la visión
sistémica, entre mente y cuerpo, se ha
visto reanimada por los requerimientos del mundo
de los negocios.
Producir calidad
de servicio, incrementar productividad, generar
nuevos y mejores productos y servicios, requiere
de trabajadores que se sientan gratos en el trabajo
y comprometidos con la misión de la empresa.
Más aún, requiere de personas que
se realicen plenamente en lo que hacen, que no
vivan esquizofrénicamente la relación
entre el trabajo y sus vidas personales.
Los nuevos paradigmas deberán hacerse cargo
del cuerpo y sus emociones, del desafío
de garantizar la "buena vida", dentro
y fuera del trabajo.
La nueva teoría del Capital Social aparece,
a mi juicio, como un potencial nicho de especialización
en esto de generar nuevos paradigmas.
Un grupo de seres humanos con elevada capacidad
de producir valor puede, en su conjunto, generar
muy poco valor si las relaciones entre ellos no
son colaborativas, sis e dan en un plano de desconfianza
y son ineficientemente administradas.
En las relaciones entre las personas es también
donde en la actualidad se juega el futuro de las
organizaciones, más que en las caacidades
de los seres que la componen, por importantes
que éstas sean. A esta obviedad -ocultada
por los paradigmas antes descritos y develada
por los imperativos de las nuevas realidades-
es que ha aportado contundente evidencia el también
emergente paradigma de la "inteligencia emocional".
El paradigma emergente del Capital Social lleva
inevitablemente a setudiar el tema de la confianza,
a analizar los procesos de construcción
y destrucción de la misma. A analizar la
forma en que los paradigmas interactúan
con las prácticas sociales, para construir
y destruir las relaciones entre las personas.
Postulo que ello es posible a través del
desarrollo y aplicación de tecnologías,
que harán la diferencia en el tercer milenio:
las Sociotecnologías. |
Fabricación
de seres humanos amorosos y demócratas
Construir Capital Social significa diseñar
y actuar en concreto al menos en los siguientes
ámbitos:
- En el diseño de tecnologías y
contextos educacionales, en particular en los
relativo a la "incorporación"
en los niños y jóvenes de actitudes,
habilidades, destrezas y niveles de conciencia
de sí-mismo y por el otro. Que les permitan
ser autónomos en la confianza y en la colaboración.
- En el diseño de tecnologías de
educación continua -más precisamente,
al menos en la fase inicial, de reeducación
continua- de tal modo de generar en los adultos,
además de las capacidades requeridas por
la democracia, aquellas urgentemente demandadas
por la producción:capacidades de trabajo
en equipo, de liderazgo, de comunicación,
de innovación, de emprendimiento.
- En la generación de contextos, en las
organizaciones sociales -micro, meso y macro-
que favorezcan la colaboración por sobre
la competencia, la confianza por sobre la desconfianza,
el optimismo por sobre el pesimismo. La introducción
de la dramaturgia, de las prácticas corporales
y del humor en las organizaciones son avances
en la producción de "catalizadores
socioquímicos" para mejorar la productividad
y la calidad en las organizaciones.
- En el diseño de tecnologías que
faciliten la administración de los compromisos
en las organizaciones. Hemos denominado a este
tipo de sistemas ABC Management, para remarcar
la especial necesidad en América Latina
de ellos, dado que no somos una cultura de compromisos. |
Resumido de Carlos Vignolo.
"Sociotecnología: construcción de
capital social para el tercer milenio". VI Congreso
Internacional del CLAD sobre Reforma del Estado y de
la Administración Pública. Buenos Aires.
Noviembre 2001.
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