|
LAS
HABILIDADES DIRECTIVAS |
Resumido
de: Spoerer, S.; Vignolo, C.; Depolo, S y Cociña,
M. Desafiando la competitividad. Transformación
organizacional y desarrollo directivo. Trend-Management.
Vol. 7, Edición Especial, Mayo 2005.
|
|
|
|
Los
desafíos impuestos por la competitividad creciente
de mercados más abiertos e integrados requieren
de continuas transformaciones organizacionales. |
1.
La trampa de la tecnologización irreflexiva.
La tendencia a buscar sistemas que recopilen y sistematicen
“toda” la información disponible es la
primera trampa de la tecnologización irreflexiva. Abandonarse
a la “inteligencia” de sistemas que prometen procesar
grandes masas de información, que pondrán a
disposición de los managers para que éstos decidan
“racionalmente”, no funciona. Ni los sistemas
son inteligentes, ni los managers actúan racionalmente.
La complejidad en el manejo de información y en el
procesamiento de datos se reitera en todos los ámbitos
de acción empresarial.
La detección temprana y pertinente de fenómenos
emergentes se vuelve crecientemente difícil. Las tendencias
de largo plazo son cada día más difusas.
Ante esto, se debe lograr generar una gestión continua
en el tiempo real, del conocimiento que poseen las personas.
Esta gestión sólo es posible mediante la socialización
–mediante la puesta en duda- de los conocimientos “acumulados”
por los individuos.
Para los actuales niveles de complejidad no se ha concebido
una tecnología que se haga cargo de la toma de decisiones.
Sólo mediante la integración continua de habilidades
en procesos colaborativos de aprendizaje organizacional, mediante
el incremento del trabajo en red y la cooperación entre
empresas, se puede hacer frente a las complejidades del entorno.
El tiempo se acelera. La hiperconectividad reduce las ventanas
de oportunidades a plazos imperceptibles. Todo es ahora. La
eternidad, en el mundo de los negocios, dura un par de días.
En ese contexto, la noción misma de planificación
estratégica es puesta en tela de juicio. La aceleración
de la obsolescencia impone el paso de la “ciencia hecha”
(stock) a la “ciencia haciéndose” en flujo
continuo. La gestión del conocimiento exige pertinencia
en el manejo de las “variables blandas”, como
la cultura organizacional o los procesos de aprendizaje. Tanto
o más que el “conocimiento explícito”
(ciencia), importa ahora el “conocimiento tácito”
(saberes operacionales) y el acceso rápido al “conocimiento
circulante” (disponible en la red).
Hoy importan, más que los productos, los procesos.
Más que las personas, la calidad de las relaciones
que establecen entre ellas (más que las neuronas, las
sinapsis). El primado de “prácticas reflexivas”
requiere valorar y desarrollar nuevas formas de “saberes
vivenciales”: emocionalidad, sedimentación de
experiencias, expresividad. Más que conocimiento y
competencias, la gestión de flujo continuo requiere
de actitudes pertinentes (apertura, flexibilidad, colaboración).
El desafío es,
entonces, lograr flexibilidad estratégica. Para ello
debemos reflexionar colectivamente sobre aquello que debemos
preservar, de modo de poder cambiar todo lo demás.
Segundo, los managers deben instalar en la organización
capacidad de entrenamiento en la acción, buscando desarrollar
habilidades como la escucha, la apertura y la anticipación.
Sólo de esa manera es posible innovar sin perder el
alma en el camino. Innovar es siempre conservar (Vignolo,
2004).
La planificación hoy sirve sólo para hacerse
cargo de riesgos convencionales, esperados y, por tanto, poco
costosos. Sin embargo, los managers de hoy se enfrentan cada
vez con más frecuencia a la emergencia de riesgos desconocidos,
con potenciales de amenaza y conflicto que resultan imposibles
de anticipar. Viven “apagando incendios”. El desafío
es, entonces, pasar de la actitud preventiva a una actitud
de precaución (Spoerer, 2004). Sólo la reflexión
ante “lo nuevo” y la plasticidad de la organización
–por grande que sea- en particular de su gerencia y
la estrategia que la sostiene, dan garantías de éxito
en un contexto en que las percepciones de incertidumbre e
inseguridad se multiplican.
2. El desarrollo de habilidades directivas como soporte
de transformaciones organizacionales.
Al hablar de habilidades directivas distinguimos tres ámbitos
de aprendizaje. (a) El primero de ellos, el más convencional,
es el dominio cognitivo. Es el saber de los libros, y hoy
de la red, en que se ha basado nuestro sistema educativo.
Sabemos, sin embargo, que ir a un curso o leer un libro no
garantiza haber adquirido el dominio de prácticas sobre
un saber, es sólo conocerlas. (b) El segundo ámbito
es el de las competencias, de la performance, el dominio del
saber hacer, respondiendo de manera exitosa ante situaciones
complejas. (c) El tercer ámbito es el de las actitudes,
muy vinculado al de las emociones. Son predisposiciones corporales
automáticas, “estados de ánimo”
que determinan la forma en que se experimenta el actuar (disposición
a colaborar, apertura ante lo nuevo, sensación de valía,
entre otros). Es en este ámbito en que los directivos
presentan mayores dificultades de aprendizaje. Denominamos
talento al sedimento de las tres dimensiones mencionadas.
Un directivo talentoso posee los tres ámbitos incorporados
e integrados y es capaz de reproducirlos automáticamente.
Finalmente, entendemos como habilidad al potencial de despliegue
del talento en situaciones nuevas. Lo cognitivo, competencial
y actitudinal se forma en procesos de aprendizaje y en prácticas
cotidianas, pero el despliegue del talento se da en situaciones
inéditas. Las habilidades directivas son, entonces,
las capacidades de desplegar el talento en entornos complejos
y cambiantes como son los que enfrentamos hoy.
Hay tres caminos frecuentemente utilizados en la formación
de habilidades directivas. Una primera tendencia de los responsables
del desarrollo organizacional es supeditar la formación
a las necesidades surgidas de la incorporación de nuevas
tecnologías. Anteriormente hemos expuesto nuestras
aprehensiones a tal enfoque. Una segunda tendencia, más
peligrosa y éticamente mucho más criticable,
ha proliferado en los últimos años. Nos referimos
a programas de desarrollo directivo centrados en el “desarrollo
personal”. Estos programas suelen tener una fuerte componente
de trabajo emocional, tanto en el espacio personal como colectivo.
En este trabajo emocional, habitualmente, no se entregan herramientas
al cliente para “defenderse” de la intervención.
Simplemente se interviene, abriendo un espacio de manipulación
por parte del consultor que resulta éticamente muy
riesgoso. Dado que el directivo no tiene distinciones para
explicar (y explicarse) el proceso por el que está
pasando, es poco lo que realmente aprende y, más aún,
está en un espacio en que difícilmente puede
discernir que le sirve de aquello que no. El único
que gana en estos casos es el consultor.
Como alternativa, sostenemos que es necesario diseñar
programas que no se orienten a cambiar a los directivos “cerrando
brechas”, sino a desarrollar la conciencia de sí
mismos, de sus intereses, fortalezas y debilidades. Desde
un proceso de reflexión personal y colectiva, los directivos,
de manera autónoma, determinan y gestionan las zonas
de desarrollo que les permitan sacar el máximo partido
a sus fortalezas, hacer irrelevantes sus debilidades y alinear
su quehacer en la organización con sus intereses, buscando
conciliar las exigencias del mundo laboral con aquellas del
ámbito personal.
Las ideas constructivistas sobre la realidad, postulando que
ésta no viene dada, y que a los seres humanos nos pasa
a cada instante lo único que nos puede pasar, constituyen
dos pilares sobre los cuales es posible enfrentar el aprendizaje
de manera más auténtica y autónoma, disminuyendo
los niveles de presión en los directivos. Desde esta
concepción es posible generar aprendizaje real, pues
los directivos de organizaciones complejas suelen mostrar
niveles de autoexigencia tan altos, que los procesos de aprendizaje
les resultan en extremo difíciles. La dificultad de
aprender es directamente proporcional al nivel del cargo que
la persona ocupa en la organización (Argyris, 1993).
|