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INNOVAR
O MORIR
Diario El Sur, 06/04/06
Aldo Moisan Jobet
Ing. Civil Mecánico, M.Sc.
Gerente IRADE |
La definición más actualizada de innovación
puede resumirse como: “la implementación
o mejora significativa de un nuevo producto, servicio,
proceso, nuevo método de marketing, o nuevo método
organizacional”. Por lo tanto, se ha ampliado
lo que se entiende por innovación, mucho más
allá de la “investigación y desarrollo
tecnológico”, que es la acepción
que se ha utilizado tradicionalmente.
Se
podría decir que esta nueva definición
apunta a incluir en la innovación, “todo
lo que agrega valor a la empresa”, ya que incluye
aspectos científicos, tecnológicos, organizacionales,
financieros y comerciales.
Podemos señalar, entonces, que una innovación
de producto es la introducción de un producto
físico o servicio, que es nuevo o significativamente
mejorado, con respecto a sus características
o intención de uso. Ello incluye mejoras sustanciales
en sus especificaciones técnicas, componentes
y materiales, software incorporado, uso amigable, u
otras características funcionales.
Por otra parte, una innovación de proceso es
la implementación, o mejora de un método
de producción o entrega, que incluye significativos
cambios en técnicas, equipamiento y/o software.
En el caso de una innovación de marketing, podemos
hablar de la implementación de un nuevo método
de marketing que involucra cambios radicales en el diseño
o envase del producto, canales de venta, promoción,
o precio.
Por último, una innovación organizacional
puede ser la implementación de un nuevo método
organizacional, o de las prácticas de negocio
de la empresa, o en la organización del trabajo,
o en las relaciones con el entorno. Dentro de estas
cuatro categorías, podemos encontrar entre otras
innovaciones: la reducción de costos administrativos
y de transacción, el mejoramiento de productividad
y de clima laboral, las nuevas prácticas para
mejorar el aprendizaje y el conocimiento, la retención
de talentos, la agilización de la gestión,
la distribución de responsabilidades, la toma
de decisiones, y las nuevas maneras de relacionarse
con otras empresas, con instituciones públicas,
con universidades, y con proveedores y subcontratistas.
Las fuerzas que juegan un rol en la razones por las
cuales se innova, y en los resultados observados como
producto de la innovación, son de tres tipos.
La primera fuerza que motiva a las empresas a innovar,
es la que involucra la competencia, la demanda y los
mercados. Esta fuerza es, sin duda, el principal incentivo
para la innovación de productos y de marketing.
La segunda fuerza es la producción y entrega.
Esta fuerza intenta mejorar la calidad, la flexibilidad
y la reducción de costo. La tercera fuerza es
la organización del lugar de trabajo. Esta fuerza
está relacionada con el cambio organizacional,
que está orientado a las relaciones con los clientes,
a la eficiencia operacional y a la captura del conocimiento
y el compartirlo adecuadamente.
Para los consumidores, la innovación significa
mejores productos en términos de calidad y precio,
servicios más eficientes y eficaces, y como corolario
una mejor calidad de vida. Para las empresas la innovación
trae como resultado mejores posibilidades de crecer,
generar más empleo y mejorar las condiciones
laborales.
Para la economía chilena, la innovación
es un factor esencial para sostener un permanente incremento
de la productividad y lograr un crecimiento más
estable. Es la innovación lo que permitirá
desarrollar nuevas actividades, transformando las ventajas
estáticas en dinámicas, al contar con
una oferta comercial en rubros intensivos en innovación,
revirtiendo así el impacto del carácter
cíclico que tienen los mercados de los “commodities”
que genera el país.
En Chile, a pesar de algunos destacados esfuerzos privados
y públicos, aún no permea una cultura
innovadora. La innovación es escasa y expresada
de modo aislado. Los mejoramientos productivos, que
son muchos, suelen no ser los que nos permiten enfrentar
la innovación que se produce en el mundo desarrollado.
Estamos, como país, frente a un desafío
de gran urgencia. “Innovar o estancarse”
sustituye hoy al “exportar o morir”, lema
que se utilizó hace un par de décadas,
cuando Chile adoptó su exitoso modelo exportador.
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