Sin
embargo, hoy día la innovación involucra
mucho más, y comprende la innovación
de productos, procesos, servicios, gestión
y modelo de negocios. Actualmente también se
argumenta que, cualesquiera de las innovaciones anteriores
puede ser “disruptiva”, es decir, provoca
en el interior de la empresa un avance tal, que permite
cambiar los estándares hasta el momento conocidos.
O bien, puede ser de “mejoramiento continuo”,
donde la innovación es incremental, lográndose
mejoras medianas a significativas.
La innovación como proceso continuo depende
en gran medida de la capacidad de aprendizaje de la
organización. Este aprendizaje, por otra parte,
dependerá de la eficacia de la crítica
y el cuestionamiento que el equipo de trabajo efectúe
sobre su experiencia. Este aprendizaje sólo
adquiere carácter organizacional si las innovaciones
son codificadas en las rutinas y procedimientos de
la organización.
Las tendencias más modernas indican que, si
recopilamos los factores que se pueden considerar
claves para el éxito de la innovación,
deben estar presentes las siguientes condiciones:
Que la cultura corporativa explicite la naturaleza
colectiva de los esfuerzos innovadores. Que exista
la experiencia previa en proyectos de innovación,
independiente de sus resultados. Que los equipos de
trabajo dedicados a la innovación sean multidisciplinarios
y heterogéneos. Que exista una estrategia que
considere la innovación y al mismo tiempo,
una gestión acorde con la estrategia. Que haya
compatibilidad entre el proyecto de innovación
y las competencias centrales de la organización.
Que se dé una competitividad de calidad y precio
en las innovaciones de productos y servicios. Que
se realice un buen análisis del tiempo de introducción
al mercado, para la innovación de estos productos
y servicios.
La capacidad de “escuchar” del personal
involucrado en la innovación, y de la organización
para percibir las señales del entorno, constituyen
las fuentes principales para gatillar innovaciones
relevantes. A este fenómeno hay que agregarle
la necesidad de capitalizar el “conocimiento
tácito” que poseen las personas, definido
como lo que se aprende gracias a la experiencia personal,
e involucra factores intangibles como las creencias,
el punto de vista propio, la intuición y las
“corazonadas”, elementos por lo demás
subjetivos.
Flexibilidad frente a los paradigmas y capacidad de
asombro resultan indispensables para aquellos que
buscan la innovación. Normalmente tendrán
mayor éxito aquellos que tienen desarrolladas
sus habilidades blandas, logren “danzar”
con los cambios y posean un profundo pensamiento sistémico.
La experiencia ha demostrado que la institucionalidad
más adecuada que facilita procesos de innovación,
está dada actualmente por los Sistemas Nacionales
de Innovación (NSI). El término “sistema”
se refiere a la red de vínculos de cooperación
entre usuarios y productores que pasa por la búsqueda
conjunta del aprendizaje mutuo y culmina en la creciente
capacidad de todo el conjunto para identificar posibilidades
de innovación y realizarlas. Los NSI han resultado
exitosos a nivel europeo y hoy en día está
considerado en las políticas de ciencia y tecnología
para Chile, a nivel regional a través de Innova
Bío Bío, y a nivel nacional a través
de la nueva institucionalidad de Corfo, denominada
Innova Chile.
La última dimensión revelada por la
literatura es la del “cambio paradigmático”
que postula que la innovación se hace posible
como estrategia adaptativa a un entorno cambiante
no sólo en lo material, sino también
en las preconcepciones del mundo que las personas
enarbolan.
Por lo tanto podemos concluir que la innovación
es un proceso de transformación de la realidad,
en relación a los cambios del medio como proceso
adaptativo, para el cual se requiere de capacidades
personales y organizacionales, un ambiente institucional
que la promueva y un conjunto de paradigmas en la
cultura compartida, que permitan su desarrollo.