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LOS
RETOS PARA UN CAMBIO PROFUNDO |
Extractado
y resumido del libro “La Danza del Cambio”,
Peter Sange y otros. Ed. Norma, 2000, 500 pág. |
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Se
entiende como “cambio profundo” al cambio
organizacional que combina modificaciones internas de
los valores de la gente, sus aspiraciones y conductas,
con variaciones externas en procesos, estrategias, prácticas
y sistemas. La organización no se limita a hacer
algo nuevo, sino que crea capacidad de hacer las cosas
en forma distinta, en efecto, crea capacidad para cambio
continuo y eso significa a futuro una ventaja competitiva
frente a otras. |
Sin
embargo, cuando se acometen procesos de cambio profundo afloran
distintos retos, que son grupos de fuerzas que se oponen al
cambio. No entender estos retos es fuente de incontables frustraciones,
por lo que vale la pena revisarlos.
Un
primer grupo de retos son los obstáculos que surgen
en cualquier grupo de “agentes de cambio” que
empieza a llevar a cabo un trabajo en forma que no les son
familiares, como:
-
“No tenemos tiempo para eso”. Es el reto
de control de nuestro tiempo. Los que forman parte en una
iniciativa de cambio necesitan suficiente flexibilidad para
dedicar tiempo a la reflexión y a la práctica.
Por lo tanto hay que programar tiempo para el enfoque y la
construcción, hay que valorar el tiempo no estructurado,
hay que crear capacidades para eliminar el trabajo innecesario,
hay que rechazar las demandas no esenciales.
-
“No tenemos ayuda”. Son los obstáculos
del inadecuado entrenamiento, guía y apoyo para grupos
innovadores y agentes de cambio, y de desarrollar recursos
internos para crear capacidad. Para ello hay que invertir
tempranamente en ayuda, crear capacidad para entrenar y buscar
socios.
-
“Esto no es pertinente”. Esto constituye
el vacío del compromiso. Es la falta de un incentivo
claro y convincente para aprender. No presentar un argumento
persuasivo a favor del cambio, impide que se desarrolle un
impulso significativo. Para ello hay que: crear conciencia
estratégica entre los líderes, dar siempre más
información a los “agentes de cambio”,
mantener el entrenamiento vinculado a algún tipo de
resultado evaluable, no olvidar que las personas aprenden
con el ejemplo.
-
“Cumplir lo que se promete”. Este constituye
el reto de confianza. Si los directivos no son auténticos
en sus convicciones y sinceros en su comportamiento, habrá
poca confianza y en consecuencia poca seguridad para la reflexión
que lleva al cambio auténtico. Para ello hay que crear
credibilidad de valores y propósitos organizacionales
por demostración, no por exposición, no hay
que trabajar solos sino con la gente, hay que desarrollar
más conciencia organizacional, hay que pensar cuidadosamente
lo que se cree de los demás, hay que practicar la diplomacia
con unos y otros.
Hay
un segundo grupo de retos para sostener la transformación
y que tienen directa relación con los agentes de cambio,
como:
-
“El temor y la ansiedad”. Constituye
un vacío de apertura, pero no se debe ver como un problema
que hay que remediar. Son reacciones naturales, hasta sanas,
a los cambios en sus inicios. La primera tarea para entenderse
con este reto es escuchar atentamente lo que se dice (y lo
que no se dice), y cómo se dice. Para ello hay que
empezar en pequeño e ir tomando impulso antes de afrontar
cuestiones difíciles, hay que evitar ataques frontales,
hay que aprender a ver la diversidad como un activo, hay que
hacer todo lo posible para que la participación en
grupos de trabajo e iniciativas de cambio sea voluntaria.
-
“La evaluación y medición”.
Constituye el vacío de resultados. Es el reto de la
evaluación negativa del programa, es la desconexión
entre las normas tradicionales de la organización para
medir el éxito y la realización del grupo de
los agentes de cambio. Para ello hay que apreciar los tiempos
de espera inherentes al cambio programado, hay que aprender
a reconocer y apreciar el progreso a medida que va ocurriendo,
y hay que hacer de la evaluación y el desarrollo de
nuevas capacidades de evaluar una prioridad entre los partidarios
del cambio.
-
“Nosotros lo estamos haciendo bien. Ellos no nos comprenden”.
Constituye el vacío de la participación. Es
el reto de aislamiento y arrogancia, que aparece cuando los
verdaderos creyentes se enfrentan a los incrédulos
fuera del grupo de los agentes de cambio. Este grupo y el
resto del sistema organizacional constantemente se pueden
interpretar mal unos a otros.
Para
ello hay que crear una capacidad para hacer participar al
máximo número de personas posibles, hay que
convertirse en mentores (antigua figura de la relación
maestro-aprendiz), hay que sentar una base de valores trascendentales
compartidos. El problema en este reto son las amenazas percibidas
por los que no forman parte de este equipo. Está siempre
la tentación de pensar: nosotros lo estamos haciendo
bien, ellos no nos comprenden.
El
tercer grupo de los retos son los de rediseñar y repensar,
que aparecen cuando las iniciativas de cambio alcanzan más
amplia credibilidad y se enfrentan a la estructura interna
y las prácticas de la organización, como:
-
“¿Quién está encargado de esto?”.
Es el reto de la estructura existente de gobierno
y el conflicto entre los grupos de agentes de cambio que buscan
mayor autonomía y los directivos que se preocupan que
ésta pueda llevar al caos y la fragmentación
interna. Para ello hay que exponer la justificación
del cambio en función de resultados concretos, hay
que implantar con mucho juicio las nuevas reglas, no hay que
subestimar el poder de cambios pequeños en situaciones
complejas, si son los cambios correctos, y hay que prepararse
para un viaje largo y no embarcarse solo.
-
“Seguimos inventando la rueda”. Constituye
el vacío de la difusión. Es el reto de no poder
traspasar conocimiento a través de las fronteras organizacionales,
dificultando así que los que pertenecen a un mismo
sistema aprovechen recíprocamente los éxitos
que otros obtienen. Para ello hay que legitimar y valorar
a los agentes de cambio como portadores de nuevas ideas y
como asesores, hay que diseñar medios más eficaces
para el intercambio de información interna, hay que
poner atención a las prácticas de difusión
existentes, hay que cultivar la indagación apreciativa
y observar que hay personas no son como se ven.
-
“¿A dónde vamos? y ¿para qué
estamos aquí?”. Constituye el vacío
a la renovación. Es el reto de la estrategia y propósito
organizacional, el de revitalizarse y repensar los objetivos
institucionales, su contribución a la sociedad y su
identidad. Para ello hay que valerse de la planificación
por escenarios para investigar puntos ciegos y señales
de hechos inesperados, hay que exponer y poner a prueba los
supuestos de la estrategia actual, y hay que concentrarse
en desarrollar un mejor pensamiento estratégico y ético.
En
resumen, estos 10 retos anteriores constituyen oportunidades
para mejorar, para ejercer nuestra atención, comprensión
y creatividad. Cuanto más fuerte sea una iniciativa
de cambio, tanto más fuerte parecen ser los retos,
porque representan la reacción sistémica natural
para mantener el equilibrio amenazado por la iniciativa.
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